sábado 9 de diciembre de 2006

Este blog es un tributo a mi super héroe favorito, Spiderman.
"... Pero la verdadera pregunta es ¿ que haremos sin poderes la gente normal?....porque yo tengo la teoría que hagas lo que hagas...ese es tu superpoder....sea lo que sea ya que cada uno de nosotros somos únicos, cada uno tiene una habilidad que los demás no tienen....sea lo que sea te hace quien eres...eso es tu poder.....y creo ...creo que en este nuevo mundo te vas a ver obligado a hacerlo lo mejor que puedas...o no sobrevivirás. Así que quizás no tengas poderes supermutantes pero eso sólo significa que ya no te podrás quedar sentado sobre tu gordo culo viendo los dibujos. La cuestión será que puedes hacer tú que otro no pueda..."

( Primera aparicion de Gwen Stancy, en Ultimates Spiderman ).








Abreviaturas

EDICION AMERICANA

Series regulares:

AMF Amazing Fantasy
AS Amazing Spider-Man
AS (SS) Amazing Scarlet Spider
GSSM Giant-Size Spider-Man
MTU Marvel Team-Up
SEN Sensational Spider-Man
SM Spider-Man
SM (SS) Scarlet Spider
STU Spider-Man Team-Up
SMU Spider-Man Unlimited
SSM Spectacular Spider-Man (Magazine)
SS (Peter Parker) Spectacular Spider-Man
SS (SS) Spectacular Scarlet Spider
TW Tangled Web
UTSM Untold Tales of Spider-Man
WOS Web of Spider-Man
WOS (SS) Web of Scarlet Spider
WTS Webspinners: Tales of Spider-Man

Series limitadas:

L: BC Spider-Man & Black Cat: The Evil That Men Do
L: DB Daily Bugle
L: DF Deadly Foes of Spider-Man
L: FA Spider-Man: Final Adventure
L: FE Spider-Man: Friends and Enemies
L: HL Spider-Man: Hobgoblin Lives!
L: LF Spider-Man: Lethal Foes
L: LL Spider-Man: Lifeline
L: LY Spider-Man: The Lost Years
L: MM Spider-Man: The Mysterio Manifesto
L: PT Spider-Man: Power of Terror
L: R Spider-Man Redemption
L: RG Spider-Man: Revenge of the Green Goblin
L: XS X-Factor and Spider-Man: Shadowgames

Números especiales:


S: D Spider-Man & Dr. Strange: Way to Dusty Death
S: DH Spider-Man: Dead Man’s Hand
S: LE Spider-Man: Legacy of Evil
S: M Spider-Man / Marrow
S: MA Spider-Man: Maximum Clonage Alpha
S: MO Spider-Man: Maximum Clonage Omega
S: OJ Spider-Man: Osborn Journal
S: PS Spider-Man / Punisher / Sabrethooth: Altered Genes
S: S Spider-Man Meets Spider-Man 2099
S: SH Spider-Man: Soul of Hunter
S: SW Spider-Man & Wolverine
S: VA Spider-Man: Venom Agenda

Novelas Gráficas:
N:PL Spider-Man: Pararell Lives

EDICIONES ESPAÑOLAS

Vértice / Surco

AC Antología del Cómic
CA (V1) Capitán América, Vol. 1
CA (V2) Capitán América, Vol. 2
CF (V1) Los Cuatro Fantásticos, Vol. 1
CF (V3) Los Cuatro Fantásticos, Vol. 3
DD (V1) Dan Defensor, Vol. 1
DD (81) Dan Defensor, Línea 81
EP (V1) Estela Plateada, Vol. 1
ESH Especial Super Héroes
LCF EG Los Cuatro Fantásticos Edición Gigante
LM (V1) La Masa, Vol. 1
LM (V3) La Masa, Vol. 3
LPX (V1) La Patrulla-X, Vol. 1
LPX (S) La Patrulla-X, Surco
LV (V1) Los Vengadores, Vol. 1
LV (V2) Los Vengadores, Vol. 2
LV (V3) Los Vengadores, Vol. 3
MMR Ms. Marvel
PP Peter Parker, Spiderman
SH (V1) Super Héroes, Vol. 1
SH (V2) Super Héroes, Vol. 2
SH (81) Super Héroes, Línea 81
SM (V1) Spiderman, Vol. 1
SM (V2) Spiderman, Vol. 2
SM (V3) Spiderman, Vol. 3
SW (V1) Spiderwoman, Vol. 1
TH (V2) Thor, Vol. 2

Bruguera / Montena / Zinco

CB (B) Cómics Bruguera
E (B) Especiales Bruguera
M Montena
PDA Pocket de Ases Bruguera
SM (B) Spiderman Bruguera
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viernes 8 de diciembre de 2006


Los años dorados I. Origenes.

Fue casi por casualidad. Hoy en día resulta imposible concebir el cómic de superhéroes sin Spider-Man. Por eso sus orígenes resultan todavía más asombrosos, si cabe, de lo que realmente fueron. Y es que, a poco que las circunstancias hubieran sido diferentes, el trepamuros jamás habría visto la luz. Corría 1962. Apenas habían pasado unos meses de la publicación de The Fantastic Four 1. Estaba claro que los superhéroes volvían a funcionar, como lo habían hecho dos décadas atrás. Lejos de cualquier propósito calculado, Stan Lee y Jack Kirby seguían produciendo los nuevos personajes que el editor Martin Goodman les demandaba. El horno no estaba para bollos, razón por la que los nuevos héroes surgían de la prueba y el error. Ejemplo: en Amazing Adult Fantasy 14, número anterior al de la primera aparición de Spider-Man, debutaba Tad Carter, un mutante –el primero de Marvel, por cierto- cuya personalidad bien podría recordar a la del tímido y apocado Peter Parker. Aunque en la última viñeta se prometía el regreso de Tad en el siguiente número, éste jamás volvería. Ejemplo 2: en Journey into Mistery 73 aparecía Robert Carter (nada que ver con Tad, aunque el parecido fonético entre el apellido Carter y Parker sí que resulta evidente), un científico que, accidentalmente, introducía una araña en una cámara atómica. El bicho salía de allí bastante crecidito, con unos poderes similares a los de nuestro Hombre Araña. Relatos como éste componían el día a día de la Marvel que estaba naciendo en aquellos años: monstruos radiactivos, seres mutantes y extraterrestres cabezones herederos de los grandes animalitos que hacían la delicia de los aficionados al cine de ciencia ficción, heroicos científicos que encontraban la solución a las grandes catástrofes y finales con moralina: cuidado con la ciencia: sed buenos, niños: no lo hagáis en casa.

Y en esto que llega Spider-Man. Amazing Fantasy 15, con fecha de agosto de 1962, caso de que haya por ahí algún despistado que desconozca un dato en todo caso inexcusable. Once apretadas páginas de origen destinadas desde el principio al olvido. Al fin y al cabo, era el último número de la colección. Al fin y al cabo, Martin Goodman dixit, a nadie le gustan las arañas.

Pero es que la araña era una excusa. Seguro que a Stan Lee no le gustaban tampoco. Lo que le gustaba a The Man era The Spider, un personaje pulp más conocido por haber inspirado la creación de Peter Parker que por cualquier otra cosa. Luego estaba el empeño en publicar algo medianamente presentable que se diferenciara de los supertipos cuadriculados de National Periodicals, casa de Superman. No era concebible que el héroe fuera un adolescente. Era obvio que a Lee le repateaba la idea del sidekick. Por eso mataría meses después a Bucky Barnes y por eso le colocaría una MAN muy grande al nombre de un personaje de dieciséis tiernos añitos. Y por eso conseguiría la atención del público teen, porque ellos también querían ser así de MAN y así de grandes, porque ellos, la gran mayoría de ellos, también eran despreciados por sus Flash Thompson de turno, rechazados por la Liz Allan que tocara ese día y sobreprotegidos por sus madres, tías o abuelas.

La cantidad de detalles que contiene la primera aventura de Spider-Man resulta tan apabullante que cualquiera podría pensar en un plan hábilmente orquestado por Lee y Ditko. La lógica viene a negar tal posibilidad para dejar claro que, si bien Lee y sus dibujantes improvisaban cada dos por tres, su creatividad atravesaba un estado de gracia que tal vez nunca haya tenido autor posterior o anterior. En el caso concreto de Spider-Man, el relato cumplía con creces la estructura de cuento moralista: el joven que adquiere asombrosos poderes y aprende a utilizarlos por las malas, ya que el poder tiene el precio de la responsabilidad, y la responsabilidad llega con la muerte del tío Ben. Porque, no hay que olvidarlo, la serie se mueve, tiene sus grandes momentos dramáticos e incluso se reitera sobre sí misma mediante la muerte y la culpa subsiguiente. Pero no eran esos los únicos elementos de interés que se mantendrían inamovibles en la trayectoria del personaje: allí estaban ya los lanzarredes, los poderes perfectamente definidos y el traje, soberbio traje, que nunca fue un uniforme de superhéroe, sino un pijama para salir en la tele que acabaría por cumplir una función para la que no había sido pensado por Parker, lo que desvela de nuevo el interés de Lee por alejarse del prototipo Superman.

Que fuera Steve Ditko y no Jack Kirby el dibujante regular de Amazing Fantasy (los anteriores números también eran suyos) responde también a otra bendita casualidad. En un extenso artículo reproducido en esta misma revista, Ditko ya dijo todo lo que tenía que decir sobre la implicación de Jack Kirby en la creación del trepamuros. La mera lógica viene a corroborar sus palabras, ya que el diseño tanto del personaje como del traje responde al más puro estilo Ditko. Su Spider-Man es desgarbado, inhumano y muy alejado del típico arquetipo empleado por Kirby. Tal vez el detalle que mejor demuestre la autoría de Ditko sea esa máscara completa –ningún personaje de Kirby la lleva-, esos ojos inhumanos y esa figura delgada. Por no hablar de su Peter Parker: un verdadero alfeñique, detalle mejorado con las gafas redondas y la ropa de chico demasiado formal. El contraste con los diálogos chispeantes y las situaciones del todo irrisorias, patéticas y tiernas imaginadas por Lee dieron como resultado el que quizás sea, con el Doctor Strange también dibujado por Ditko, el cómic más peculiar de los primeros años de Marvel, muy alejado en estilo de la comedia romántica superheroica en que luego acabaría convirtiéndose con la llegada al título de John Romita.

Porque al Peter Parker de los primeros tiempos les salen realmente mal las cosas, a veces hasta extremos que rozan lo ridículo; este Peter Parker no liga de verdad ni a tiros (o se lleva a la más estrecha del curro, sor Betty Brant); no tiene amigos ni relaciones sociales y además debe hacerse cargo de una casa y una tía, enternecedora tía, cuyos cuidados acaban por resultar excesivos. A eso debe añadir el odio irracional de J. Jonah Jameson y de buena parte de la población de Nueva York. Todo un récord de mala suerte. De verdad hay que montárselo mal para conseguir los poderes proporcionales de una araña y que te salgan así las cosas. Nada que ver con la apacible vida de unos Cuatro Fantásticos, con los que tampoco lograba llevarse bien en estos primeros tiempos: intentó unirse a ellos en el primer número (¡por el sueldo!), pero fue inmediatamente rechazado (AS 1, III 63).

Los villanos también se alejan de lo destilado en otros títulos gracias a la estética del dibujante. De nuevo, hay que quitarse el sombrero. En los primerísimos números de la serie aparecieron los que han seguido siendo a lo largo de los años los peores enemigos del trepamuros: el Camaleón (Amazing Spider-Man 1, III 62), el Buitre y el Chapucero (AS 2, V 62), el Doctor Octopus (AS 3, VII 62), el Hombre de Arena (AS 4, IX 62), el Lagarto (AS 6, XI 62), Electro (AS 9, II 64), Misterio (AS 13, VI 64) o Kraven (AS 15, VIII 64). Muchos, la mayoría de ellos, responden a características animales. En todos resulta común una estética decididamente feísta y un aspecto cercano a lo grotesco (sólo a Steve Ditko se le podría ocurrir un villano que utiliza una pecera para ocultar su cabeza). Particularmente glorioso resultaba el primer annual de la serie (1964), que reunía por primera vez a los Seis Siniestros, la elite villanesca liderada por el Doctor Octopus, quien secuestraba a una tía May que no se enteraba de nada hasta un punto por completo desternillante.

Y si los primeros números servían decididamente para la presentación de personajes, pronto surgiría una mayor complejidad en las historias acompañada por la intención de Ditko de hacer al héroe aún más urbano. El AS 10 (III 64) trajo el debut de los Forzadores y el Gran Hombre, primer villano cuya identidad secreta vendría a convertirse en uno de los grandes misterios de la strip. Un número después la muerte volvería a cernirse sobre el cómic, en este caso la de Bennet Brant, hermano descarriado de Betty, en la que fue la primera aventura con continuará (AS 11 y 12, IV-V 64). Con el AS 14 (VII 64) llegó el Duende Verde, destinado a convertirse en la nemesis definitiva del trepamuros y que, en un primer momento, tan sólo formaba parte del reparto de una enmarañada saga que también incluía la presencia del ya citado Gran Hombre (a la postre, Frederick Foswell, uno de los empleados del Daily Bugle), Lucky Lobo (un capo de la mafia) los Forzadores y del Amo del Crimen. Sobre la identidad de éste, Lee y Ditko plantearon varias posibilidades que incluían a gran parte de los secundarios de la serie. Sin embargo, el Amo del Crimen acabaría siendo Nick Lewis, un perfecto desconocido (AS 27, VIII 65), solución tomada por los autores ante la ausencia de cualquier otra explicación plausible y la lógica aplicada por Steve Ditko, quien encontraba ridículo que el rostro tras la máscara del villano perteneciera a alguno de los personajes de reparto. Tal planteamiento ya había sido aplicado con anterioridad a Electro, y tal planteamiento pretendía utilizar el dibujante, cada vez más responsable de las líneas argumentales, para resolver el misterio de la identidad secreta del Duende Verde. Desde el principio se encontró con la oposición de Lee, semilla de la ruptura final del equipo creativo de la colección.


La strip crecía en complejidad argumental y Spider-Man seguía una evolución parecida. Si en el año 1962 había sido presentado como un adolescente de instituto, el siguiente paso lógico, una vez agotado el escenario del Instituto Midtown, era dar el paso a la Universidad. En ese sentido, el AS 28 (IX 65) cerraba una etapa con un hecho tan significativo como la ceremonia de graduación de Parker. Meses después, Marvel publicaba la gran aventura clave del periplo Lee-Ditko. Se trata de El capítulo final (AS 31 a 33, XII 65 a II 66), en la que, al tiempo que Peter Parker se graduaba en la Universidad Empire State y entraba una nueva remesa de secundarios (el profesor Miles Warren, Harry Osborn y Gwen Stacy, nada menos), Spider-Man acometía su mayor reto, recuperar el antídoto que salvara la vida de su tía May, en poder del Doctor Octopus. Para la historia queda el momento en el que Spidey rememora su origen mientras es aplastado por una maquinaria de la que finalmente conseguirá zafarse. La escena, cuatro páginas de máxima tensión, justifican por sí solas la existencia del trepamuros y figuran sin duda entre las más bellas planchas jamás dibujadas.

Tras El capítulo final, la serie perdió cierto fuelle, con aventuras de menor entidad que fueron las últimas firmadas por Ditko. Las ya mencionadas discrepancias acerca de la identidad del Duende Verde vinieron a oficializar la ruptura. Spider-Man nunca volvería a ser el mismo, y sin duda aturde la posibilidad de que Ditko hubiera seguido en la serie al menos tanto tiempo como permaneció Jack Kirby en Fantastic Four. Vistos los resultados logrados en El capítulo final, o en los AS 17 y 18 (X y XI 64, otra saga memorable en la que Spidey abandonaba por primera vez sus telarañas), creo sinceramente que los mejores episodios de la historia de Spider-Man se quedaron en el tintero de un artista tan enorme que su trabajo crece en frescura y actualidad cada día que pasa.


Los años dorados 2.

( 1966-1972).

“En este número de Daredevil vamos a sacar a Spider-Man. Cúrratelo”. Y John, que acababa de volver a Marvel, que por fin había encontrado un trabajo medianamente estable, dibujó un trepamuros que, con cierta timidez, apuntaba hacia otro lado. Más músculos, más figura, menos araña, más superhéroe. Es esto lo que necesitamos, concluyó Stan Lee, que ya tenía recambio preparado para el momento en que sus discusiones con Ditko llegaran a un punto de no retorno. John Romita, un hombre de empresa, un perpetuo “empleado del mes”. El que nunca discute y a todo dice que sí. Y además, un dibujante excepcional. Ditko salió tarifando de Marvel, sin dibujar siquiera la portada de su último Spider-Man, el AS 38 (VII 66). Quería que el Duende fuera un desconocido, un don nadie. “Que sea el padre de Harry. Si es un don nadie, nadie se sorprenderá”, decía Lee. No importaba el cúmulo de casualidades: dejas escapar a un ladrón y es el mismo que mata a tu tío Ben. Tu peor enemigo resulta que es el viejo de tu mejor amigo. Tu peor enemigo descubre tu identidad secreta y tú la suya. Luego le borramos la memoria. ¿Forzando la lógica de la serie? “Es un cómic, es un golpe de efecto”, insistía Lee. Y se quedó sólo insistiendo. Por eso contrató a Romita. Porque Romita pensaba que aquella primera aventura era una más en la vida del héroe (AS 39 y 40, VIII y IX 66). Porque Romita jamás discutiría un guión de The Man, del hombre que le había rescatado del olvido.

Romita, que en los primeros meses vivió a la sombra de Ditko. “¿Cuándo vuelve?”, preguntaban los iniciados en la primera época. Pero nunca iba a volver. Aquel Spider-Man se acabó para siempre. Con Romita, el ratón de biblioteca salía a la calle, ganaba puntos a ojos de las féminas y pronto estaba debatiéndose entre una Gwen Stacy angelicalmente imposible recreada por el mismo Romita a partir del pendón ideado por Ditko (para Ditko sólo había dos tipos de mujeres: las putas, las Liz Allan, y las santas, las Betty Brant) y una por fin descubierta Mary Jane que, a fuerza de repetir el chiste de la vecinita con la que te quiere emparejar la tía May pero que nunca llegas a verla, acabaría convirtiéndose en una realidad palpable a la primera de cambio (AS 42, XI 66). “Admítelo tigre, te ha tocado la lotería”, decía la mujer con la que todos nos iríamos al huerto de cabeza. A Parker le tocó la lotería y a nosotros la pedrea, el juego de consolación de ver con cual de ellas se iría, para que luego se decidiera por la rubia, por la niña buena.

Hasta el cascarrabias de J. Jonah Jameson encontró su contrapunto en el siempre comprensivo y amigable Joe Robertson, primero editor de local y posterior redactor-jefe del Daily Bugle, que debutó en el AS 51 (VIII 67). Al fin y al cabo, Peter Parker empezaba a vivir en otro mundo: en un mundo de héroes y villanos en estado puro. De aventura, de humor y amor perfectamente equilibrados. Ya podía romperse un brazo, pillar un catarro o recibir una soberana paliza. Era otro personaje, mucho más comercial y popular: pronto empezaría a pisar los pies de sus hermanos mayores, de los Cuatro Fantásticos. Cada mes, su colección se convertía en el mejor escaparate de Marvel. Los viejos villanos reaparecían más terribles que nunca en sagas inolvidables: La quintaesencia: Los tentáculos y la trampa. el Doctor Octopus de inquilino en casa de tía May, Spider-Man convertido en su aliado gracias a una oportuna amnesia, la pelea final con Octopus... la épica marca Marvel encarnada en cuatro increíbles tebeos (AS 53 a 56, X 67 a I 68). En el lápiz de Romita renacen todos: el Lagarto, Kraven, el Buitre, Mysterio... y alumbran otros: Kingpin, su favorito, llega en el AS 50 (VII 67), tal vez la portada más recordada de la historia del trepamuros, un abandono de telarañas con dejà vu de los AS 17 y 18. No importaba, acababan de aterrizar una legión de nuevos lectores que ni habían leído ni les interesaba el trabajo de Ditko, una legión de nuevos lectores que llenaban la universidad con tebeos de la Casa de las Ideas, con esa basura comunista que nada tenía que ver con las hazañas de los Superman y los Batman. La imaginación al poder, Flash Thompson al ejército, que ya no nos hace falta, y Spidey al campus, al de la Empire State, por cierto. Que nadie busque en el Ministerio de Educación americano. Jamás existió ninguna Universidad Empire State. Allí iba Parker, para no ir a un Harvard o a un Yale, para no perder el contacto con su núcleo duro de lectores: la juventud americana de la Década Prodigiosa, que lo convirtió en icono popular. ¿Los Beatles más famoso que Jesucristo? Tal vez, pero mientras tanto tocaba milagro: la tirada de Amazing Spider-Man se multiplicaba como los panes y los peces, tan repartida como el pan de los pobres, tan en la boca de todos como la Coca Cola. Y el negocio funcionaba viento en popa: días de gloria, en los brazos de Gwen, en los tentáculos del mata-arañas mejorado.

Y entonces... toque de atención: que el jefe se va a hacer películas, que esto ya no funciona como antes. Fue una señal de alarma allá por la recta final de los sesenta. ¿Y si lo de los superhéroes se acabó? Habían funcionado medio bien durante unos años, pero llegaba la hora del carpetazo final. Se barajaban formatos, se hablaba de tebeos más adultos mientras Stan Lee coqueteaba con otros medios. Cada vez más alejado del universo que había montado en los primeros sesenta, dejaba que la máquina funcionara sola. Conversaciones telefónicas resolvían argumentos y guiones. Que el dibujante tirara por la calle de en medio. Diálogos cada vez más breves, aventuras estiradas como chicles y un tono más moderno, que es el que pide el fandom. En el camino, quedan experimentos meritorios pero que no llevan a ninguna parte. Verbigracia: The Spectacular Spider-Man, magazine en blanco y negro destinado a un público adulto a cuyas manos jamás llegaron los dos escasos números de los que se compuso la colección (VII y XI 68), mal distribuida, cuando no sepultada en los almacenes de libreros que no sabían donde ponerla, si entre los tebeos o las revistas. Ni siquiera el segundo número, que renunciaba a los nobles propósitos del primero mediante la inclusión de un villano de toda la vida –el Duende Verde- y el conveniente coloreado, sirvió para rescatar un proyecto destinado a ser en un futuro carne de coleccionista millonario. En ese contexto, llega La saga de la tablilla (AS 68 a 77, I a X 69), aventura de enrevesado argumento y elevados propósitos que apostaba decididamente por una maduración en el tono de la strip. En medio, un Romita agotado por sus muchos trabajos en otras series, recibió en un primer momento el apoyo de John Buscema, primoroso dibujante que manifestaba sin pudor alguno su desprecio absoluto hacia la serie y sus protagonistas, y luego de Gil Kane, sagrado monstruo del lápiz que no tardaría en ganarse un hueco entre los mejores artistas encargados del lanzarredes. Algunas de las historias que escribió así lo prueban. Por ejemplo, La muerte del Capitán Stacy (AS 90, XI 70), el padre de la novia que en secreto conocía la identidad del héroe. Nuevamente, la tensión dramática aumenta, la colección crece, sobre la tumba de uno de sus personajes secundarios.

Los tiempos del romanticismo made in Romita se encaminaban con paso decisivo hacia la tumba, sólo faltaba colocar en el ataúd el resto de los clavos. Kane puso los lápices de la que luego sería considerada una historia clave, pero que a priori no ofrecía nada más que el enésimo encuentro con el Duende Verde sazonado con el drama personal de un Harry Osborn encerrado en el infierno de las drogas.

Los tres números de la aventura (AS 96 a 98, V a VII 71) hubieran pasado sin pena ni gloria de no ser por el Comics code: Aquí nadie habla de LSD, da igual que sea para contar lo mal que lo pasan los adictos, dijeron los cerebros del mecanismo censor americano. Esto no puede llevar el sacrosanto code, afirmaron. “Pues que no lo lleve: Lee dio un corte de mangas a los responsables del sello y siguió adelante con la publicación de la aventura. El efecto publicitario fue inmenso. Miles de profesores y asociaciones de padres utilizaron aquellos tebeos para avisar a sus infantes de los efectos perniciosos de las drogas. El coste para la editorial resultó cero: El tratamiento del tema no podía ser más superficial y plano. Máxima rentabilidad a cambio de un compromiso social mínimo.

Eran, en todo caso, años de denuncia, y Amazing Spider-Man resultaba un escaparate perfecto para las revueltas estudiantiles (de la mano de Randy Robertson, el hijo rebelde de Robbie, en AS 68, I 69), la liberación de la mujer (con la Viuda Negra, que estrenaba ajustadísimo traje a lo Emma Peel en AS 86, VII 70), la corrupción política (en una aventura en la que Spider-Man compartía cartel con el Hombre de Hielo de la Patrulla-X, en AS 92, I 71) o la crítica al sistema penitenciario (AS 99, VIII 71). Bien es cierto que Stan Lee siempre escribió tales historias con la idea bien clara de que el tema social jamás dejara en un segundo plano a la aventura, pero su valor pionero resulta del todo incuestionable.

Sólo faltaba un último paso hacia la madurez definitiva, el momento en que el Gran Padre de Marvel cediera sus criaturas a otros escritores para pasar a un discreto segundo plano como fuerza impulsora de la Casa de las Ideas, pero nunca más como cerebro central de la máquina. Con el arácnido se resistió casi tanto como con los Cuatro Fantásticos. Por pura cabezonería más que por convencimiento, Lee decidió alcanzar el centenar de números para hacer inmediatamente después mutis por el foro. 100 números y ni uno más, debió pensar, porque de la que iba a ser su última historia, la ya mítica saga de los brazos-extra, tan sólo escribiría el primer número (AS 100, IX 71), mientras que los dos siguientes (AS 101 y 102, X y XI 71) quedarían en las manos de Roy Thomas, su heredero natural. Thomas estaba llamado a escribir una larga temporada de Spider-Man, pero acabó por abandonar al personaje tras su segunda aventura, un maravilloso homenaje a King Kong con Gil Kane a plena potencia (AS 103 y 104, XII 71 y I 72). Stan Lee se vio obligado a volver a la serie y permanecer en ella durante unos meses más. Paradójicamente, entre los últimos números que escribió, está el cómic favorito de John Romita, el AS 109 (VI 72), en el que Flash Thompson regresa del Vietnam. Los viejos esquemas comenzaban a repetirse con demasiada facilidad, lo que afianzaba la necesidad de un cambio, y Gerry Conway estaba en el lugar apropiado a la mejor hora posible. Lee tuvo la suerte de encontrar en él al mejor sustituto imaginable. En las décadas siguientes, el creador literario de Spider-Man volvería ocasionalmente a escribir las aventuras del trepamuros, sería el responsable de sus tiras de prensa diarias e incluso de la decisión de casarlo, pero el destino de Peter Parker no volvería a estar jamás en sus manos. Las cosas habían cambiado de forma definitiva, para bien y para mal.

Los años dorados III. Maduracion.

Un número uno, un símbolo, el estandarte de la Casa de las Ideas. En todo eso se había convertido Spider-Man durante la etapa Lee-Romita. El trepamuros era sinónimo de Marvel, y como tal, los responsables de la editorial decidieron que se convirtiera también en su mejor embajador. A finales de 1971, debutaba el tercer (contando el breve Spectacular Spider-Man) título protagonizado por Spidey, Marvel Team-Up. Se trataba de una serie de equipo, inspiración directa de la World Finest de DC. Spider-Man compartiría cabecera con su buen amigo la Antorcha Humana. Sin embargo, enseguida dejó de ser así. A la altura del cuarto número (IX 72), la Antorcha cedía su papel a un héroe diferente cada mes. Las historias, centradas en aventuras más o menos entretenidas, se alejaban de los sucesos trascendentales, que seguían ocurriendo en Amazing. Sin embargo, Marvel Team-Up suponía el mejor de los campos de pruebas. Allí se desfogaban nuevos personajes. Nuevos dibujantes. Nuevos guionistas. Allí (desde el MTU 2, V 72) tuvieron su primera toma de contacto Gerry Conway y Spider-Man. El Gran Padre Stan y Roy Thomas, segundo de a bordo, comprendieron enseguida que aquel chico prodigio de 19 años estaba llamado a mayores empresas.

Había venido desde el otro lado del río Hudson. Desde Queens, hogar juvenil de Peter Parker. Con 16 años, la misma edad a la que Peter Parker se había convertido en el Hombre Araña, Gerry Conway había iniciado su carrera de guionista en DC. Con 17 había publicado su primera novela. Con 18, entraba a formar parte de la familia Marvel. Gerry podía comprender mejor que nadie a un Peter Parker que abandonaba sus años de inocencia para encaminarse con paso decidido hacia la madurez. Stan Lee se equivocó de plano, si pensó en un primer momento que el arácnido quedaría en manos de un John Romita metido de lleno en la cocina mientras que Conway se dedicaría a poco más que dialogar sus aventuras. Craso error, ya que Conway tuvo enseguida claro qué hacer. Una espectacular guerra de bandas con el Doctor Octopus y el recién llegado Cabeza de Martillo (¡Edward G. Robinson con una placa de acero en la cabeza! Romita es grande, sin duda) sirvió para soltar al joven Conway en el manejo del trepamuros. La saga tiene momentos únicos, con la máscara de Spidey en manos de Jameson, Peter afectado de úlcera duodenal o la tía May en alegre amancebamiento con el Doctor Octopus y derribando a su propio sobrino (AS 112 a 115, IX a XII 72). La reedición en los números posteriores de los dos únicos ejemplares publicados de Spectacular Spider-Man (AS 116 a 118, I a III 73, y AS Annual 9, respectivamente) y un breve encuentro con Hulk (AS 119 y 120, IV y V 73) sirven de preámbulo para el acontecimiento que marcó a una generación de lectores y sirvió para cerrar la Silver Age: la muerte de Gwen Stacy (AS 121 y 122, VI y VII 73).

Cuenta la leyenda que el gran instigador fue John Romita. Al dibujante siempre le había caído mucho mejor Mary Jane Watson, la pelandusca de la serie en oposición a la niña buena y relamida que era Gwen. El caso es que Peter se había decidido por la rubia como aburrida y angelical pareja estable, lo que estaba dando al traste con gran parte del interés de la serie –Parker soltero y libre en la vida, con múltiples opciones en el horizonte y ninguna opción clara en último término-. Los fans poco dados a la mitomanía tal vez recuerden, con escalofrío extremo, el AS 99 (VIII 71), en el que la sufrida Gwendolyne esperaba pacientemente a Peter mientras éste se zurraba con los malos. Cuando por fin llegaba, el muy pendón, no podía sacarla a cenar porque, como de costumbre, estaba sin blanca. ¿Solución? Cenita casera y lo que viniera después. El empalago del noviazgo arácnido empezaba a alcanzar y superar cotas poco tolerables. Sumemos a ello otro gran problema que afectaba sin remisión a la serie: la cada vez más acusada falta de separación entre la vida civil de Peter Parker y la superheroica de Spider-Man, ejemplificada en la figura del Duende Verde. Por muy impresionante que hubiera resultado la aventura en la que se descubría su identidad secreta y con la que Romita se estrenaba en la colección allá por 1966, cada vez quedaba más claro que Ditko tenía más razón que un santo cuando clamaba (en el desierto, claro) por la falta de sentido de semejante situación.

Cada vuelta del Duende Verde, ya sea en la Saga de las drogas o en Spectacular Spider-Man había seguido el mismo esquema de aquella gran revelación: Osborn recupera la memoria, el Duende pelea contra Spider-Man, Osborn vuelve a quedarse amnésico... hasta la próxima vez, claro. Pues dos por el precio de una, vino a decir Romita. Nos quitamos de en medio a la rubia y al malo. “Oh, qué estupidez, nadie mataría a Lois Lane, esas cosas no pasan”. Pero aquello era Marvel, amiguito. La Marvel que conservaba intacta el sentido de la maravilla y donde un muerto era un muerto ahora y cuarenta números después. Romita y Thomas, éste en calidad de editor, planearon el asesinato, Conway y Gil Kane lo ejecutaron sobre el papel y Stan Lee se lavó las manos, que para eso estaba de viaje. Luego, todos se sintieron muy culpables, máxime cuando empezaron a llegar amenazas de muerte por parte de los lectores de la serie, que, como siempre ocurre en estos casos, son capaces de desear una cosa y la contraria con idéntico entusiasmo freaky.

La historia en sí misma es un auténtico prodigio de narrativa. Nada de lo que pasa en las primeras páginas del AS 121 hace pensar en un desenlace fatal, de no ser por las planchas finales en las que ocurre el suceso funesto. De hecho, la historia comienza por los mismos derroteros que los anteriores encuentros con el Duende Verde: Osborn recupera la memoria, se prepara la batalla, patatín, patatán. En esta ocasión, el villano secuestra a la chica del héroe, pero la novedad tampoco es para tirar cohetes. “Ahora llega y la rescata”, decimos todos. Porque todos llevábamos toda la vida leyendo tebeos, y eso es lo que ocurre en los tebeos. Y va el Duende y la arroja por el puente de Brooklyn (que es el que dibujó Kane, por mucho que Conway se refiriera en el guión al George Washington). “No está muerta, qué va a estar muerta. Las novias nunca mueren”. Pero habíamos llegado al final del tebeo, a la mitad si lo que leías, como un servidor, era la edición de Vértice, y ella seguía muerta. Y veinticinco años después ella sigue muerta: porque lo de la reciente resurrección de Norman Osborn no tiene perdón. El villano acabó empalado (EMPALADO) por su propio deslizador. Más muerto que la carrera de Ridley Scott, vamos. Y era de justicia, porque otra cosa hubiera puesto en serio peligro la estabilidad psicológica del personaje, bastante trastocada por otra parte después de haber sido incapaz de salvar a su chica de las garras de su peor enemigo.

La respuesta de los lectores fue unánime. Las amenazas contra la salud física de Conway llegaron por docenas, y la historia quedó para siempre como un punto de inflexión en la trayectoria vital del héroe, de los cómics en general y de Marvel en particular. No por nada fue el momento elegido por Kurt Busiek para dar carpetazo a sus Marvels. En todo caso, lo que vino después fue un Peter Parker adulto, descreído e incluso cínico. (Había dejado atrás una bonita vida rosa en compañía de su Gwendy). Mary Jane se convirtió en la nueva novia más o menos estable al tiempo que el idílico piso de estudiante que compartiera con Harry durante toda la etapa Lee/Romita era sabiamente sustituido por un apartamentucho de Chelsea que acabaría por resultar entrañable. No era para menos: ubicado en un edificio ruinoso administrado por la cascarrabias Mammie Muggins y su señor marido (nunca supimos mucho sobre él), disponía de hermosas vistas a la pared del edificio contiguo, humedad en cada uno de sus rincones y una claraboya perfecta para las escapadas arácnidas. Al piso de Chelsea sólo le faltaban cucarachas, ¿cómo no iba a quedarse Peter a vivir en él?

Villanos y personajes recién estrenados fueron moneda común de la primera etapa de Gerry Conway en la colección, todo ello hábilmente mezclado con viejos argumentos llevados un paso más allá. Fan de las novelas pulp protagonizadas por el El Ejecutor, Conway se sacó su propio Remo Williams. Punisher debutó en el AS 129 (II 74). Para la época supuso todo un revulsivo. Frank Castle no era ni héroe ni villano. Era un tipo mal encarado y algo zote que disparaba primero y preguntaba después. Todavía tendría que ampliar el grado de violencia extrema que alcanzaría en décadas posteriores, pero no resulta difícil imaginar la cara de los alegres lectores del trepamuros acostumbrados a Octopus y otros personajes coloristas cuando apareció este berraco con sus pistolones, su calavera y su mal rollo. ¿He dicho ya que eran otros tiempos?

A sustituir al Duende Verde vino el Chacal. Estrenado en el mismo número que Punisher, el Chacal reproducía el viejo esquema del Duende: un secundario de la serie con unas cuantas razones para odiar al trepamuros, pero cuya verdadera identidad no se averiguaría hasta mucho después. Su presencia no impidió que Conway llegara un buen día con un nuevo Duende Verde, a falta del primero. Esta vez era Harry, tan zumbado como su papá (AS 135 a 137, VIII a X 74). Para entonces, la colección hacía tiempo que había olvidado cualquier intento serio de deslindar las andanzas del trepamuros de sus peripecias privadas. La tía May volvió a ser pretendida por el Doctor Octopus, en espera de heredar una bella isla que, al parecer, había heredado a su vez la buena de May. (A esta familia le pasa de todo, ya ven). Spidey, con una pequeña ayuda del amigo Cabeza de Martillo, salvaba el día, claro, pero la portada en la que Otto y May están a puntito de consumar el santo matrimonio (AS 131, IV 74) merecería la condición de póster en este especial. Lejos de cualquier miedo al ridículo, Conway también incorporó un funcional biplaza conocido como Spider-móvil que habría de utilizar nuestro arácnido en su guerra contra el crimen (AS 130, III 74). Ningún juguetero de la época debió ver grandes posibilidades mercadotécnicas en el bugy, que no tardó en desaparecer de la colección, no sin antes ofrecernos un buen número de escenas chuscas.

Los villanos de la época tampoco se quedan lejos, y a los ya mencionados hay que añadir al Canguro (AS 126, XI 73), Tarántula (AS 134, VII 74) el Gusano de la Mente (AS 138, XI 74) o Grizzly (AS 139 y 140, XII 74 y I 75). Todo ello perdonable, si tenemos en cuenta la inmensa frescura de las historias de Conway y los dibujos de Ross Andru, quien extendería su labor desde el AS 125 (X 73) hasta el AS 184 (IX 78). Veterano autor procedente de DC, sufriría durante toda su larga etapa la humillación permanente que suponía la comparación con John Romita. Quienes se empeñaban en hacerla olvidaban la inmensa capacidad narrativa del que ha quedado para la historia como uno de los dibujantes clave de la época clásica del trepamuros. Al igual que Conway, Andru había pasado por Marvel Team-Up. De su trabajo conjunto en Spider-Man vale la pena destacar dos momentos que todavía ponen la carne de gallina. El primero es el espectacular encuentro con Superman, sin duda el mejor de todos los cruces Marvel-DC habidos y por haber. El segundo es la celebérrima saga del Clon.

Dicen que Stan Lee se empeñó en ello. Ante las reiteradas peticiones de que Gwen Stacy regresara de entre los muertos, el hombre orquesta de Marvel acabó por plegándose a los deseos de los fans. El encargado del trabajo sucio fue una vez más Conway, quien esta vez escogió volver locos a sus lectores y de paso evitar el que hubiera sido sin género de dudas un enorme error. La adorable Gwen regresó, con honores de portada, en el AS 144 (V 1975), pero no era exactamente Gwen, porque ella seguía muerta. Era un clon, concepto de lo más cotidiano hoy día, pero verdaderamente extraño en esa época. La vida de Peter Parker volvió a estar patas arriba, por no hablar de su relación con Mary Jane. Detrás de todo, por supuesto, estaba el cruel villano de turno, en este caso el Chacal.

Siguiendo el síndrome Norman Osborn, el Chacal era Miles Warren, antiguo profesor de facultad en los primeros tiempos de gloria de Romita. Superada aquella etapa, Warren se destapaba como un viejo verde enamorado de la rubia que, no conforme con fabricarse mediante técnicas de clonación su propia Gwendy, tuvo también que hacer un doble del lanzarredes. Conway prefirió dejar esta última sorpresa para el momento final de la saga, un enfrentamiento entre los dos Spider-Man con el que el guionista se despediría por una buena temporada del personaje. No quedaba nada claro que el que sobrevivía fuera el auténtico Peter Parker. De hecho, los dos últimos números de la aventura (AS 148 y 149, IX y X 75) merecen un análisis detallado para notar lo bien construida que está la trama, hasta el punto de que el Chacal consiga también engañar al lector acerca de la identidad del héroe. Poco importaba en ese momento quién fuera quién, ya que uno de los dos Hombres Araña moriría en las páginas finales. Con él caía también el Chacal y los deseos involucionistas de gran parte del fandom. Gracias a Conway, Spider-Man había madurado definitivamente. El doble de Gwen se perdía en el horizonte mientras los ojos de Peter y de los lectores eran incapaces de contener las lágrimas. El pasado quedaba para la memoria nostálgica. La saga del Clon era el broche de oro a una colección grandiosa de principio a fin. Pero el espectáculo debía de seguir, porque, para entonces, Spider-Man ya era la más eficaz máquina de hacer dinero que Marvel pudiera desear.


Los años dorados IV.
El dinero lo cambia todo.

Amazing Spider-Man, Marvel Team-Up, los especiales trimestrales titulados Giant-Size Spider-Man, apariciones especiales siempre que la ocasión lo permitiera... Y ahora llegaba la tercera serie regular, Peter Parker, The Spectacular Spider-Man, dedicada a narrar las aventuras estudiantiles del trepamuros, pero que al fin y al cabo resultaba indistinguible de la serie madre, de no ser porque seguía siendo en ésta donde, supuestamente, se narraban los grandes acontecimientos de su vida. ¿O no? Porque la fama tenía un precio, y, ahora que el circulito con el rostro arácnido servía como perfecto elemento iconográfico de Marvel, ya no resultaba tan sencillo hacerle perrerías al personaje. Lo fácil, lo realmente fácil, era volver sobre lo de siempre.

Tras un episodio en el que Archie Goodwin aclaraba de manera poética pero escasamente convincente que el clon había muerto y el verdadero Peter era quien había sobrevivido (AS 150, XI 75), el veterano Len Wein se hacía cargo de la serie. Wein carecía del toque inconfundible de un Stan Lee o del carisma sin igual de un Gerry Conway. Se hizo con los guiones de la serie porque acababa de ser nombrado director editorial de Marvel, y el que los directores de entonces fueran también los guionistas de las colección principales se había convertido en una tradición arraigada. La había iniciado el mismo Stan Lee, acatado Roy Thomas y, tras Wein, la habían continuado Marv Wolfman y Denny O’Neil.

El trabajo de Len Wein en Spider-Man fue, antes que nada, funcional: aventuras entretenidas a la par que reiterativas sobre lo ya visto. Se agradece, en todo caso, la legibilidad del producto y el afán de Wein por cerrar líneas argumentales: en el AS 156 (V 76) casó por fin a Betty Brant, la primera novia de Peter, con Ned Leeds, su chico de toda la vida. Puestos en plan romántico, Wein incluso buscó novia para el cascarrabias de Jonah: la doctora Marla Madison, allá por el AS 162 (XI 76). En los AS 157 a 159 (VI a VII 76) puso fin al culebrón Octopus-Cabeza de Martillo-tía May con la resurrección más pillada por los pelos de la historia del cómic (¿un fantasma radiactivo de Cabeza de Martillo? ¡por favor!). Wein incluso se molestó en traer de vuelta al Spider-Móvil, aunque sólo fuera con el propósito de mandarlo al desguace para siempre (AS 160, IX 76). En esta época tampoco faltaron los nuevos villanos, aunque ninguno de ellos fuera demasiado glorioso: Espejismo en el AS 156 (V 76); la Mosca Humana en el Annual 10 (1976); Will O’ The Wisp en el AS 167, (IV 77); el Corredor Cohete en el AS 172 (IX 77)... todo ello unido al enésimo retorno de Kingpin o del Conmocionador.

¿Qué hace todo guionista de Spider-Man cuando se le acaban los malos de toda la vida y ya no es capaz de crear nuevos? Traer de vuelta al Duende Verde, claro. No era ni Norman resucitado ni Harry, por mucho que el pillín de Wein nos hiciera pensar que el jovencito Osborn volvía por sus fueros: era su psiquiatra, y aunque la aventura daba una terrible sensación de ya vista, por lo menos se leía de manera agradable (AS 176 a 180, I a V 78) y suponía un más que digno broche final para su autor. De los años que permaneció en la serie poco más hay que añadir: Wein no hizo nada relevante, pero tampoco molestó demasiado, algo que no se puede afirmar de guionistas actuales, como Terry Kavanagh o Howard Mackie. El periplo de éstos por la strip eleva a categoría de sublime la etapa de Wein.

Sin hacer apenas ruido, Wein cedió los trastos de director editorial y los guiones de (entre otras series) Spider-Man a Marv Wolfman. A diferencia de su antecesor, Wolfman llegó con ganas de aprovechar su doble condición de editor/guionista para cambiar las cosas en la colección de una manera que, en la recta final de los tranquilos setenta, se antojaba poco menos que revolucionaria. Sus planes pasaban por matar a tía May, volver loco a Jameson hasta el punto de que cometiera un asesinato, dar el pasaporte a Mary Jane, volver a liar a Betty con Peter e incluso que abandonara su trabajo en el Daily Bugle para ser fichado por el Globe, máximo competidor del periódico dirigido por Jonah. El nuevo tiempo requería también nueva sangre en el aspecto gráfico. Después de cinco años en la colección puntera de Marvel, Ross Andru fue relevado por el más impactante Keith Pollard, con lo que se perdía para siempre un rasgo distintivo de la época clásica del trepamuros. En su despedida, Andru dibujó una aventura que era casi un símbolo: la ceremonia de graduación universitaria de Peter Parker, ocurrida en el AS 185 (X 78). En realidad, Peter vestía toga y birrete, pero no pudo recibir el título junto a sus compañeros de la Universidad Empire State. ¡Había suspendido las matemáticas! (Para los interesados, el aprobado caería varios meses después, en el AS 192, V 79).

Con un aire muy a lo Ditko, Keith Pollard debutó en el AS 186, el primero de una compleja saga que culminaría con el número doscientos de la serie. Mes a mes, Wolfman fue ejecutando sus ideas con frialdad absoluta. Los lectores contemplaron anonadados como Jameson perdía la chaveta y cedía su puesto a Robertson, Betty abandonaba a Ned nada más volver de la luna de miel, Spidey perdía sus poderes y la tía May enfermaba, empeoraba y... ¡moría! La portada del AS 196 (IX 79) conseguía un grado de importancia tal que rivalizaba con la del número de la muerte de Gwen: Peter ante la tumba de su adorada tía. Por supuesto, todo era un embuste del villano que tocase, en este caso Mysterio, pero el dramatismo conseguido por Wolfman y Pollard conseguía que el lector, a la vista de todo lo que estaba ocurriendo, creyera la muerte de la vieja a pies juntillas. Sobre todo teniendo en cuenta el retorno de un personaje del que no se había vuelto a saber nada desde el Amazing Fantasy 15: ¡el asesino del tío Ben! Forzando por enésima vez la credibilidad de la serie, ahora se descubría que el asesino había acudido a la casa de los Parker a la búsqueda de un antiguo tesoro escondido en el sótano. Con él se enfrentaba Peter, desposeído de sus habilidades arácnidas, en el magnífico AS 200 (I 80). El asesino caía, finalmente, víctima de un infarto, al descubrirle Spider-Man su verdadera identidad. La tía May volvía vivita y coleando y nuestro chico se perdía en el horizonte más feliz que unas pascuas, tras haber recuperado, de propina, sus poderes.

Comenzaba la segunda parte de la etapa de Wolfman, en la que pretendía llevar hasta el límite la locura de Jameson. Nunca lo haría, ya que abandonó repentinamente la serie cuatro meses después, teniendo que arreglar el desaguisado un tal Roger Stern que se dedicaba a contestar las cartas de los lectores. El encargado de sustituir de manera definitiva a Wolfman fue, sin embargo, Denny O’Neil. Tampoco se puede decir mucho de su paso por Amazing, salvo que puede calificarse de coitus interruptus de la revolución planteada por su antecesor: en pocos meses, Jonah volvía a dirigir con mano de hierro el Bugle y contrataba de nuevo a Peter. Nada nuevo bajo el sol, salvo por la llegada de un dibujante con nombre sospechosamente familiar: John Romita... hijo.

Junior había visto toda su vida a papá amanecer dormido en el tablero de dibujo, malviviendo con el sueldo de dibujante. También había visto el asombroso arte de su viejo, capaz de dejarle con la boca abierta. “Papá, de mayor quiero ser artista”, dijo. Pues vente un día al bullpen. Junior se hace la ruta completa, como cualquier otro. Su toma de contacto con Spider-Man la lleva a cabo en la historia de complemento de un Annual, el 11 (1977). Tras dos números de relleno, le nombran dibujante regular de la serie, de la que pasa a encargarse a partir del AS 210. Se acercaba una nueva era dorada para el trepamuros, pero todavía tendría que pasar un año largo en el que O’Neil dejaba paso a varios guionistas ocasionales. En la hermana Peter Parker, the Spectacular Spider-Man, despuntaba ya el autor destinado a devolver toda su fuerza al héroe. Aquel tal Roger Stern.




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Nuevos Tiempos 1.La Nueva Mascara del Mal.

El AS 224 (I 82) es el primero de la colección escrito por Roger Stern, guionista que ya ha demostrado su conocimiento del personaje en su etapa en SS, y que será el encargado de enderezar el rumbo arácnido. A su lado estará un Romita Jr. cada vez menos novato, que demostrará una excelente capacidad narrativa y un don especial para dibujar peleas espectaculares. Juntos contarán algunas de las mejores historias de Spider-Man durante los años ochenta.

Gran parte de los esfuerzos de Stern se centrarán en hacer crecer a Peter Parker, que hasta esas fechas ha sabido compaginar bastante bien su faceta superheroica con el paso de la adolescencia a la juventud. De hecho, si algo tienen en común las historias que Stern escribe en AS es que los conflictos casi siempre afectan a las dos identidades del héroe. Una prueba inequívoca de que el guionista comprende que, a diferencia de otros héroes enmascarados, Spider-Man tiene dos identidades pero una sola personalidad.

El primer y extraordinario ejemplo es una de las más románticas historias del trepamuros jamás contadas: el retorno de Felicia Hardy, la Gata Negra. Felicia es una ladrona de guante blanco enamorada de Spider-Man que Marv Wolfman había creado en su etapa al frente de la colección, pero será Stern el que empiece a explotar el potencial del personaje en los AS 226 y 227 (III y Iv 82).

El corazón de la atractiva ladrona lucha entre la emoción del delito y su amor por Spider-Man; el del trepamuros se deja llevar por una mujer que simboliza la parte más romántica y emocionante de su faceta de aventurero enmascarado. Cuando el héroe está con la Gata Negra, y puede que solamente en esos momentos durante toda la historia del personaje, el rol de Spider-Man predomina sobre el de Peter Parker. Semejante romance sólo puede acabar en tragedia, y así ocurre cuando la Gata, incapaz de dejar el crimen, se suicida para evitar que su amado la entregue a la policía (En realidad, se trata de un suicidio fingido, como Spider-Man descubrirá en el SS 75, II 83).

Pero la prueba definitiva de que en AS está pasando algo grande es la aventura que se desarrolla en los números 229 y 230 (VI y VII 82). Stern decide enfrentar una fuerza irresistible, el sentido de la responsabilidad de Peter Parker, contra un objeto inamobible: el Juggernaut. El amistoso vecino contra el tipo más fuerte y con peor carácter del universo Marvel (Hulk, si estás leyendo esto, no hagas caso: TÚ ERES EL MÁS FUERTE).

Spider-Man debe proteger a Madame Web del ataque del gigante acorazado, pero falla en el intento -qué esperabas, es Spider-Man contra el Juggernaut- y la anciana acaba en coma. Aquí es donde Stern demuestra que conoce perfectamente a Peter Parker. La razón le dice a Peter que hizo todo lo posible por detener al Juggernaut. Pero el fantasma de tío Ben aparece de nuevo, y Spider-Man se hace responsable de la detención del monstruo. Una vez más Peter se echa sobre sus hombros toda la responsabilidad del mundo, incluida la que no le corresponde, y se lanza tras el Juggernaut. El lector es consciente entonces de que en el siguiente episodio sólo pueden pasar dos cosas:

a) Spider-Man detiene al Juggernaut (algo altamente improbable).

b) Spider-Man muere intentado detener al Juggernaut (algo directamente imposible).

Finalmente, y tras un episodio dedicado exclusivamente a los titánicos esfuerzos de Spider-Man por cumplir su colosal tarea, la suerte se alía con el trepamuros y el avance del Juggernaut es detenido. Stern ha conseguido en sólo dos episodios que el villano pase a formar parte de la galería de oponentes clásicos del trepamuros, además de dejarnos uno de los momentos más épicos de la historia de Spider-Man.

Durante los siguientes números, el guionista cede protagonismo a un Romita Jr. cada vez más inspirado, que dibuja unos divertidos tebeos llenos de sana acción arácnida. El Spider-Man de esta etapa no es el mindundi con leotardos que algunos otros autores se habían empeñado en presentar. Es un superhéroe experto de extraordinarios poderes y recursos, a la altura de cualquier amenaza. Estas aventuras son el prólogo de la gran contribución de Stern al universo de Spider-Man, que aún está por llegar...

Se trata de la creación del Duende. Este villano que recupera el espíritu del Duende Verde original, la mayor y más intima amenaza a la que nunca se haya enfrentado Spider-Man, siempre presente en la serie en una de sus múltiples encarnaciones. Pero el Duende no es Norman Osborn (que por entonces descansa en paz... de vacaciones en Europa). Se trata de un nuevo personaje que, por una desgraciada intervención de Spider-Man, tiene acceso a los secretos del alter-ego criminal de Norman Osborn. Un nuevo enemigo de identidad desconocida, en un claro guiño a las primeras apariciones del villano original.

Quizá la faceta más interesante de la saga del Duende es la manera en que el lector asiste al proceso de creación de un super-criminal. Veremos como el personaje comete su primer asesinato, consigue la parafernalia, el armamento y los diarios del Duende Verde y se labra una carrera delictiva hasta convertirse en una de las más terribles amenazas a las que jamás ha combatido Spider-Man. Siempre tendremos acceso a los pensamientos del villano, presenciando desde dentro los efectos que sobre el hombre tras la máscara tiene la embriagadora sensación de poder y libertad que le proporciona la identidad del Duende. Un hombre que se repite a sí mismo una y otra vez que puede controlar esas emociones. Él no está loco, el loco era Norman Osborn.

En su primer enfrentamiento con Spider-Man, el Duende es un criminal inexperto que se las ve con un superhéroe de prestigio. El villano sale escaldado, pero consigue huir y se prepara. Tras este encuentro, Stern hace un paréntesis en la "Saga del Duende" para dar importantes paso evolutivos en la vida de Peter Parker. En el AS 243 (VIII 83) tiene lugar uno de los hechos más significativos de la vida del joven protagonista. Los días tienen 24 horas hasta para los superhéroes (por lo menos cuando a los guionistas les interesa), y Peter estudia, trabaja, trepa paredes y mantiene una tempestuosa relación con la "resucitada" Gata Negra. Superado por la situación, toma entonces una decisión trascendental: abandona los estudios. Naturalmente, siempre queda una puerta abierta para volver. Pero, como dice su profesor Morris Sloan: "ninguno de los que abandonaron los estudios regresó". Hacia tiempo que Peter Parker había perdido la inocencia, pero ahora renuncia también a su gran sueño de adolescencia: llegar a ser científico. La vida puede más que los sueños... incluso para algunos personajes de comics.

Pero este no es el único camino que abre Stern hacia la vida adulta del personaje. Tía May se ha echado novio (Nathan Lubensky, el anciano inválido creado que el propio Stern en SS), y se independiza económicamente montando una pensión para ancianos en su casa de Queens. Un problema menos para Peter.

En el mismo episodio AS 243 somos testigos del retorno a la serie de un personaje fundamental: Mary Jane. La relación de Spider-Man con la Gata es romántica y apasionada (bueno, todo lo apasionada que puede ser una relación en un tebeo con el sello del Comic Code... es decir, apasionada en la imaginación de los lectores). Pero está claro que una mujer que está enamorada de Spider-Man y no de Peter Parker no es lo que se puede considerar una relación estable. Mary Jane es otra historia, y con ella rodando por la serie siempre planea la posibilidad de un compromiso...

Entre tanto, en el SS 85 (XII 83), el Duende se ha bañado en la fórmula que confirió a Norman Osborn superfuerza, convirtiéndose en una amenaza letal. Pero también, como casi todos los grandes enemigos del trepamuros, es una amenaza personal. No sólo porque Spider-Man haya intervenido indirectamente en la creación del supercriminal, ni tampoco porque los diarios que el Duende posee podrían revelar la identidad del trepamuros, sino sobre todo porque amenaza directamente a algunos de los secundarios de la serie, como Harry Osborn o Jonah Jameson.

La saga del Duende acaba en el AS 251 (IV 84), que también es el final de una época. Stern sólo firma el argumento de ese número, siendo Tom DeFalco el responsable de los diálogos. El dibujo correrá a cargo de Ron Frenz, que apenas unos meses antes había impresionado a todo el mundo en la conmovedora historia de once páginas El niño que coleccionaba Spider-Man, escrita por el Roger Stern y publicada en el AS 248 (I 84). Con un estilo que recordaba poderosamente al de Ditko, Ron Frenz firmará en el AS 251 el que probablemente es el mejor trabajo de su carrera.

El tebeo es una persecución sin cuartel, en la que Spider-Man se lanza a detener al villano a toda costa. Escrito y dibujado con un ritmo trepidante, resulta el colofón ideal de tan excelente saga, y uno de los más espectaculares enfrentamientos de la historia del trepamuros. El final de la batalla deja a Spider-Man con la máscara del Duende en sus manos, pero sin haber sido capaz de descubrir la identidad de su huidizo enemigo. Y también le deja listo para ser abducido sin comerlo ni beberlo hacia las Secret Wars.

El siguiente número de AS no lo firma Roger Stern. El guionista ya no trabaja para Marvel, y se ha llevado un dato que sólo el conoce: la identidad del Duende. Ni los editores, ni su mejor amigo, John Byrne, ni siquiera su mujer, conocen el misterio que se oculta tras la máscara. Stern tenía desde el principio muy clara la identidad del villano. Ahora, sus continuadores en la saga serán los que tengan que dar una respuesta al enigma...


Nuevos Tiempos 2.
Del
Azul al Negro.


Tom DeFalco sustituye a Roger Stern en los guiones de Amazing. Su conocimiento del personaje le facilita el acceso al puesto, a pesar de que su única experiencia hasta el momento es como editor, primero en Archie y luego en Marvel. A los lápices le acompañará Ron Frenz.

La llegada de los dos autores coincide con el regreso del personaje de las Secret Wars, la aventura intergaláctica en forma de maxiserie en la que el editor jefe de Marvel, Jim Shooter, decidió enrolar durante un año a los principales héroes de la compañía. Las Secret Wars se desarrollan en doce números mensuales, y parar las principales series de Marvel durante un año no resulta una opción. Por ello, al mes siguiente de su partida al espacio todos los superhéroes vuelven a la Tierra contando las cosas maravillosas e increíbles que han vivido en un lejano planeta y que los lectores verán durante el año siguiente (NOTA: las Secrets Wars fueron un extraordinario éxito, llegando a cifras de ventas cercanas al millón de ejemplares por número, y generando una igualmente lucrativa secuela un año después).

Durante su estancia en las “Guerras Secretas”, muchos héroes sufren sonoros cambios, pero sin duda el más llamativo de todos ellos se lo adjudica Spider-Man: el trepamuros cambia de traje. La sacrosanta indumentaria creada por Steve Ditko es sustituida por un atrevido diseño de Rick Leonardi, que consigue el prodigio de cambiar completamente la imagen del personaje a la vez que lo mantiene perfectamente reconocible. Un disfraz extraordinario que no desmerece en absoluto al traje original, y que su propio autor dibujará en los AS 253y 254 (VI y VII 84). Estos dos tebeos que dejan para el recuerdo una de las mejores representaciones gráficas del lanzaredes jamás realizadas.

Pero el trajecito en cuestión va a dar mucha guerra. Los lectores ya alucinan con sus peculiares capacidades en primer tebeo en el que aparece, el AS 252 (V 84): El traje puede modificar su apariencia y parecer ropa de calle, o vestir y desvestir al trepamuros simplemente obedeciendo una orden mental. Quizá demasiado sofisticado para nuestro amigo y vecino. Y no sólo eso, sino que además tiene la fea costumbre de apoderarse del trepamuros mientras duerme y sacarle a dar paseos nocturnos (váyase usted a saber con qué fin), mientras el pobre Peter es presa de las pesadillas, y después de levanta echo polvo (a ver, si es que no descansa).

Las sospechas acaban llevando a Peter a visitar a Reed Richards, Míster Fantástico, que confirma lo que el lector lleva meses sabiendo: el traje es un ser viviente, con voluntad propia. Y encima pretende consumar una unión simbiótica perpetua con Peter. Afortunadamente, Richards consigue separarlo de su anfitrión. El reencuentro de Peter con este singular personaje -destinado a convertirse en uno de los grandes villanos de Spider-Man- lo veremos en el WOS 1 (III 85). No obstante, el diseño de Leonardi ha calado entre los fans, y Spider-Man alternará durante una buena temporada su traje rojo y azul con una versión "de tela" del uniforme negro.

A la vez que narra estos acontecimientos, DeFalco ya ha creado algún que otro personaje nuevo. Entre estos tenemos al Puma, el típico villano bestial al estilo Dientes de Sable, al que DeFalco concibe como un personaje ambiguo que se debate entre el bien y el mal, con un profundo sentido del honor (lo cual no deja de resultar curioso, porque se trata de un millonario que se dedica a hacer de asesino a sueldo por diversión. Todo un ejemplo para la comunidad, vamos). Está también Marta Plateada, otra mercenaria, pero esta vez buena (en todos los sentidos). La dama alquila su equipo de fuerzas especiales para conseguir unos ahorrillos que van a parar a las arcas de uno de esos pequeños países europeos imaginarios y semi-medievales que tanto le gustan a Marvel. Y por último destaca el Zorro Negro, un simpático y anciano ladrón de guante blanco en busca del golpe que lo retire definitivamente, pero con una enorme facilidad para meterse en líos de los que el trepamuros debe sacarle.

No obstante, la principal creación de DeFalco será La Rosa, un hampón a las ordenes de Kingpin, pero que conspira a espaldas de su jefe con intenciones poco claras. El villano, inspirado en el Amo del Crimen, oculta tras su máscara mucho más de lo que se podría esperar a primera vista

.

Tras una serie de entretenidas y vistosas historias que hacen presagiar una nueva buena época para el trepamuros, el tandem DeFalco-Frenz se centra en continuar los dos grandes argumentos que Roger Stern dejó pendientes: el Duende y el regreso de Mary Jane

La relación entre la Gata y Spider-Man no va bien. Peter le ha revelado a Felicia su identidad civil en el SS 87 (II 84), y a la chica Peter Parker le parece bastante poco glamouroso. Por su parte, el trepamuros presiente que su pareja le oculta algo. Y, para acabar de liarla, en el AS 257 (X 84) Mary Jane le suelta ni corta ni perezosa a Peter que sabe desde hace mucho tiempo que es él es Spider-Man. Y se queda tan ancha. Se trata de una de esas reescrituras de la historia a las que los guionistas de los comics de superhéroes son tan aficionados. (Años después, en la novela gráfica Vidas paralelas, escrita por Gerry Conway, nos enteraremos de que M.J. descubrió la identidad secreta se Spider-Man al verlo salir tras el asesino de tío Ben, hecho narrado en el primigenio Amazing Fantasy 15).

En el AS 259 (XII 84) nos enteramos de que la pizpireta M.J. es así de díscola porque es su forma de plantar cara a una vida marcada por la desgracia. La pobre muchacha sufrió en su hogar los malos tratos de su padre a su madre y, posteriormente, fue testigo del fracaso del matrimonio de su hermana. Esos factores, y la certeza de que vivir junto a un hombre que arriesga la vida cada día sería otra fuentes de sufrimientos, motivó el rechazo de la propuesta de matrimonio que Peter le había hecho en el AS 183 (VIII 78).

Tras confesar el dramonazo a Peter, ambos quedan como "sólo amigos". Naturalmente, ni Peter, ni M.J., ni los avispados lectores se lo creen. Desde este momento, Mary Jane se implica cada vez más en la doble identidad de Peter, que además ya ha roto su relación con la Gata Negra en el SS 100 (III 85). El siguiente (y lógico) paso en la relación de la pareja Peter-MJ se dará ya con DeFalco y Frenz fuera de la colección.

Y queda la otra gran línea argumental heredada de Stern: el Duende. La sombra del villano ha comenzado a sobrevolar la colección al poco de llegar DeFalco a los guiones, concretamente en uno de los episodios dibujados por Leonardi, el AS 254 (VII 84). En el AS 257 (X 84) el villano se alía con La Rosa para intentar conseguir el dominio del hampa. Y en el AS 260 (I 85) ya tenemos otra vez al Duende pegándose con Spider-Man. Desde este momento, la trama principal de la serie serán estos enfrentamientos, a la vez que el guionista implica en la historia a cada vez más secundarios y villanos habituales de la serie. En realidad, se trata de una huida hacia adelante cuyo lógico final, el descubrimiento de la identidad del Duende, se retrasa mes a mes por una sola razón: DeFalco y el editor de Amazing Spider-Man, Jim Owsley, aún no han decidido quién se oculta tras la máscara.

Los nuevos enfrentamientos entre Spider-Man y el Duende resultan, en un principio, entretenidos, pero están muy lejos del esplendor y la aureola de gran amenaza con la que Stern había conseguido rodear a su personaje. A fuerza de pura repetición, los combates acaban por cansar. El Duende implica en sus actividades a Harry y Liz Osborn (que, entre disgusto y disgusto, tienen un hijo al que bautizan Norman... qué buen presagio), a Flash, a Betty... y, por supuesto, a toda la pléyade de sospechosos de ser el villano, que retornan a la colección como por arte de magia: Lance Bannon, Roderick Kingsley, Donald Manken, y el máximo candidato, Ned Leeds, que se ha vuelto malísimo y violento de la noche a la mañana.

Por si fuera poco, la trama se complica con una guerra de bandas que implica a los clásicos hampones de poca monta del universo Marvel, además de al mercenario Jack O´Lantern, que acabará teniendo un papel inesperadamente importante en la resolución de la historia.

En medio de tanto caos, DeFalco logra sus mejores episodios cuando se aleja de la trama principal, como en el enfrentamiento entre el Señor del Fuego y Spider-Man (AS 269 y 270, X y XI 85) o el inesperado regreso de "Triturador" Hogan, el entrañable luchador de wrestling al que el lanzarredes se enfrentó en el AMF 15.

En sus últimos episodios, el tándem Frenz-DeFalco ha perdido a todas luces el ritmo de la colección. El estilo del dibujante es ahora más rígido y forzado, mientras que DeFalco se dedica a enredar la historia del Duende, además de recurrir de nuevo a los clichés más manidos de la colección (el sentido de la responsabilidad, la muerte de Gwen, el deseo de Peter de abandonar la identidad de Spider-Man...).

El AS 284 (I 87) es el último dibujado por Frenz, que cede los lápices a un poco afortunado Alan Kupperberg. El AS 285 es el último de DeFalco como guionista, que abandona la colección en pleno apogeo de la guerra de bandas, y con la identidad del Duende aún por descubrir. Tras tres años, el duo Frenz-DeFalco deja como legado un puñado de interesantes nuevos personajes y entretenidas historias, que quedan empañados por un último año de desconcierto total. Quizá la herencia de Roger Stern resultó demasiado pesada...

Al editor arácnido, Jim Owsley, le queda el problema de desvelar quién es el Duende. Menos mal que un tal Peter David, el joven escritor que ha despuntado en Spectacular Spider-Man, está allí para salvar los muebles...

Jim Owsley se hizo entonces cargo de los guiones de AS, demostrando hasta que punto la más pura improvisación puede guiar los argumentos de una serie estrella del cómic americano. En su primer episodio, el AS 286 (III 87), Owsley revela el nombre de la Rosa: Richard Fisk, el hijo de Kingpin. Richard ha asumido esa identidad para minar el imperio criminal de su padre desde dentro, pero ha acabado por utilizar los mismos métodos delictivos que le asqueaban. Si pareces un criminal y actúas como un criminal...

Pero lo que verdaderamente urge es revelar la identidad del Duende, y Owsley cree tener al guionista apropiado para ese episodio: Peter David, que acaba de sorprender a todo el mundo con su excelente saga La Muerte de Jean DeWolf desarrollada entre los números 107 y 110 de SS (X 85 y I 86). Además, el editor decide matar al principal sospechoso: Ned Leeds. Efectivamente, Ned es misteriosamente asesinado en un especial Spider-Man-Lobezno que guioniza el mismo Owsley, dejando la identidad del Duende más en el aire que nunca.

Lo cierto es que el Duende no es nadie. Tres años después de que Roger Stern abandonara la colección y se llevara consigo el codiciado secreto, sus sucesores no han sido capaces de dar una repuesta coherente al enigma. Afortunadamente, el talento de Peter David salva el que está apunto de convertirse en un monumental desaguisado: efectivamente, en el 289 de AS (VI 87) se revela la identidad del Duede, y David logra sorprender a todo el mundo en un cómic que, de no ser por el inoperante dibujo de Alan Kupperberg, hoy podría considerarse un clásico. No obstante la respuesta que Peter David da al enigma sólo será definitiva hasta que Stern vuelva a colaborar con Marvel varios años después... y se decida a contar quién era de verdad el Duende en la serie limitada The Hobgoblin Lives! (II a I 97).

Una vez resuelto el enigma que ha planeado por la colección durante casi un lustro, llega el momento de mirar hacia adelante, lo que significa volver a poner al frente de la serie a un guionista fijo. El elegido es David Micheline, que se ha labrado una buena reputación escribiendo Iron Man y que, a pesar de ser cualquier cosa menos un guionista estrella, se mantendrá al frente de Amazing Spider-Man durante casi siete años. La primera historia de la que se encarga es verdaderamente trascendente: la boda de Peter y Mary Jane.

En el final de la aventura del Duende, Peter Parker ha asumido que Spider-Man es una parte ineludible de su vida, lo que puede interpretarse como un nuevo comienzo. Por ello decide poner orden también en su vida personal, y qué mejor manera que volver a pedir matrimonio a la mujer que ama. La petición se produce en el AS 290 (VII 87), el primero de Micheline como guionista. El tebeo estará ilustrado por un viejo conocido de la serie, Romita Jr., que también dibujará el siguiente episodio. Antes de decidirse, Mary Jane vuelve a Pittsburg a hacer las paces con su hermana y, una vez exorcizados los fantasmas de su pasado, acepta la proposición de Peter.

El magno acontecimiento tiene lugar en el Annual 21 de Amazing Spider-Man (1987), escrito por David Micheline y dibujado por Paul Ryan. Aparte de un pequeño enfrentamiento con Electro al comienzo del tebeo, no hay villanos. Sólo nervios, inseguridades y dos novios que sienten cada vez más pánico según se acerca la ceremonia. Y una divertida despedida de soltero, y un emocionado recuerdo de Gwen Stacy, y dos novios que llegan tarde a su boda y ...un final feliz. En las escalinatas del Ayuntamiento de Nueva York, Mary Jane Watson y Peter Parker se convierten en marido y mujer.

Un acontecimiento del calibre de la boda de Peter y Mary Jane obliga a los responsables de Spider-Man a poner en paralelo las tres cabeceras del trepamuros. Y nada mejor que encargar a autores invitados un par de historias de características muy especiales. Primero, porque ésta será la primera vez que los argumentos se desarrollen consecutivamente en las tres series. Y segundo, por el tono oscuro y psicológico que predomina en ambas aventuras.

En diciembre de 1987 se publica Spider-Man Loco, saga en tres capítulos escrita por Ann Nocenti, que narra uno de los episodios más olvidados de la vida del trepamuros: su internamiento en un manicomio. Quizá esta original e interesante historia no sea tan recordada como merece por el tremendo impacto que tuvo la aventura publicada inmediatamente después.

Se trata de La Última Cacería de Kraven, escrita por J.M. DeMatteis y dibujada por Mike Zeck, que se publica en las colecciones arácnidas en enero y febrero de 1988. Kraven captura a Spider-Man, lo entierra vivo y suplanta su identidad. Un sobrecogedor análisis de la mente de tres personajes, Spider-Man, Kraven y Alimaña, que dignificará para siempre la figura de El Cazador y dejará en Peter Parker imborrables secuelas. Spider-Man, el más optimista de los héroes, ha pagado el precio de duro realismo que impregna el cómic de superhéroes de los ochenta debido a la influencia de autores como Alan Moore y Frank Miller, Alan Moore y Frank Miller.