viernes, 8 de diciembre de 2006

Nuevos Tiempos 1.La Nueva Mascara del Mal.

El AS 224 (I 82) es el primero de la colección escrito por Roger Stern, guionista que ya ha demostrado su conocimiento del personaje en su etapa en SS, y que será el encargado de enderezar el rumbo arácnido. A su lado estará un Romita Jr. cada vez menos novato, que demostrará una excelente capacidad narrativa y un don especial para dibujar peleas espectaculares. Juntos contarán algunas de las mejores historias de Spider-Man durante los años ochenta.

Gran parte de los esfuerzos de Stern se centrarán en hacer crecer a Peter Parker, que hasta esas fechas ha sabido compaginar bastante bien su faceta superheroica con el paso de la adolescencia a la juventud. De hecho, si algo tienen en común las historias que Stern escribe en AS es que los conflictos casi siempre afectan a las dos identidades del héroe. Una prueba inequívoca de que el guionista comprende que, a diferencia de otros héroes enmascarados, Spider-Man tiene dos identidades pero una sola personalidad.

El primer y extraordinario ejemplo es una de las más románticas historias del trepamuros jamás contadas: el retorno de Felicia Hardy, la Gata Negra. Felicia es una ladrona de guante blanco enamorada de Spider-Man que Marv Wolfman había creado en su etapa al frente de la colección, pero será Stern el que empiece a explotar el potencial del personaje en los AS 226 y 227 (III y Iv 82).

El corazón de la atractiva ladrona lucha entre la emoción del delito y su amor por Spider-Man; el del trepamuros se deja llevar por una mujer que simboliza la parte más romántica y emocionante de su faceta de aventurero enmascarado. Cuando el héroe está con la Gata Negra, y puede que solamente en esos momentos durante toda la historia del personaje, el rol de Spider-Man predomina sobre el de Peter Parker. Semejante romance sólo puede acabar en tragedia, y así ocurre cuando la Gata, incapaz de dejar el crimen, se suicida para evitar que su amado la entregue a la policía (En realidad, se trata de un suicidio fingido, como Spider-Man descubrirá en el SS 75, II 83).

Pero la prueba definitiva de que en AS está pasando algo grande es la aventura que se desarrolla en los números 229 y 230 (VI y VII 82). Stern decide enfrentar una fuerza irresistible, el sentido de la responsabilidad de Peter Parker, contra un objeto inamobible: el Juggernaut. El amistoso vecino contra el tipo más fuerte y con peor carácter del universo Marvel (Hulk, si estás leyendo esto, no hagas caso: TÚ ERES EL MÁS FUERTE).

Spider-Man debe proteger a Madame Web del ataque del gigante acorazado, pero falla en el intento -qué esperabas, es Spider-Man contra el Juggernaut- y la anciana acaba en coma. Aquí es donde Stern demuestra que conoce perfectamente a Peter Parker. La razón le dice a Peter que hizo todo lo posible por detener al Juggernaut. Pero el fantasma de tío Ben aparece de nuevo, y Spider-Man se hace responsable de la detención del monstruo. Una vez más Peter se echa sobre sus hombros toda la responsabilidad del mundo, incluida la que no le corresponde, y se lanza tras el Juggernaut. El lector es consciente entonces de que en el siguiente episodio sólo pueden pasar dos cosas:

a) Spider-Man detiene al Juggernaut (algo altamente improbable).

b) Spider-Man muere intentado detener al Juggernaut (algo directamente imposible).

Finalmente, y tras un episodio dedicado exclusivamente a los titánicos esfuerzos de Spider-Man por cumplir su colosal tarea, la suerte se alía con el trepamuros y el avance del Juggernaut es detenido. Stern ha conseguido en sólo dos episodios que el villano pase a formar parte de la galería de oponentes clásicos del trepamuros, además de dejarnos uno de los momentos más épicos de la historia de Spider-Man.

Durante los siguientes números, el guionista cede protagonismo a un Romita Jr. cada vez más inspirado, que dibuja unos divertidos tebeos llenos de sana acción arácnida. El Spider-Man de esta etapa no es el mindundi con leotardos que algunos otros autores se habían empeñado en presentar. Es un superhéroe experto de extraordinarios poderes y recursos, a la altura de cualquier amenaza. Estas aventuras son el prólogo de la gran contribución de Stern al universo de Spider-Man, que aún está por llegar...

Se trata de la creación del Duende. Este villano que recupera el espíritu del Duende Verde original, la mayor y más intima amenaza a la que nunca se haya enfrentado Spider-Man, siempre presente en la serie en una de sus múltiples encarnaciones. Pero el Duende no es Norman Osborn (que por entonces descansa en paz... de vacaciones en Europa). Se trata de un nuevo personaje que, por una desgraciada intervención de Spider-Man, tiene acceso a los secretos del alter-ego criminal de Norman Osborn. Un nuevo enemigo de identidad desconocida, en un claro guiño a las primeras apariciones del villano original.

Quizá la faceta más interesante de la saga del Duende es la manera en que el lector asiste al proceso de creación de un super-criminal. Veremos como el personaje comete su primer asesinato, consigue la parafernalia, el armamento y los diarios del Duende Verde y se labra una carrera delictiva hasta convertirse en una de las más terribles amenazas a las que jamás ha combatido Spider-Man. Siempre tendremos acceso a los pensamientos del villano, presenciando desde dentro los efectos que sobre el hombre tras la máscara tiene la embriagadora sensación de poder y libertad que le proporciona la identidad del Duende. Un hombre que se repite a sí mismo una y otra vez que puede controlar esas emociones. Él no está loco, el loco era Norman Osborn.

En su primer enfrentamiento con Spider-Man, el Duende es un criminal inexperto que se las ve con un superhéroe de prestigio. El villano sale escaldado, pero consigue huir y se prepara. Tras este encuentro, Stern hace un paréntesis en la "Saga del Duende" para dar importantes paso evolutivos en la vida de Peter Parker. En el AS 243 (VIII 83) tiene lugar uno de los hechos más significativos de la vida del joven protagonista. Los días tienen 24 horas hasta para los superhéroes (por lo menos cuando a los guionistas les interesa), y Peter estudia, trabaja, trepa paredes y mantiene una tempestuosa relación con la "resucitada" Gata Negra. Superado por la situación, toma entonces una decisión trascendental: abandona los estudios. Naturalmente, siempre queda una puerta abierta para volver. Pero, como dice su profesor Morris Sloan: "ninguno de los que abandonaron los estudios regresó". Hacia tiempo que Peter Parker había perdido la inocencia, pero ahora renuncia también a su gran sueño de adolescencia: llegar a ser científico. La vida puede más que los sueños... incluso para algunos personajes de comics.

Pero este no es el único camino que abre Stern hacia la vida adulta del personaje. Tía May se ha echado novio (Nathan Lubensky, el anciano inválido creado que el propio Stern en SS), y se independiza económicamente montando una pensión para ancianos en su casa de Queens. Un problema menos para Peter.

En el mismo episodio AS 243 somos testigos del retorno a la serie de un personaje fundamental: Mary Jane. La relación de Spider-Man con la Gata es romántica y apasionada (bueno, todo lo apasionada que puede ser una relación en un tebeo con el sello del Comic Code... es decir, apasionada en la imaginación de los lectores). Pero está claro que una mujer que está enamorada de Spider-Man y no de Peter Parker no es lo que se puede considerar una relación estable. Mary Jane es otra historia, y con ella rodando por la serie siempre planea la posibilidad de un compromiso...

Entre tanto, en el SS 85 (XII 83), el Duende se ha bañado en la fórmula que confirió a Norman Osborn superfuerza, convirtiéndose en una amenaza letal. Pero también, como casi todos los grandes enemigos del trepamuros, es una amenaza personal. No sólo porque Spider-Man haya intervenido indirectamente en la creación del supercriminal, ni tampoco porque los diarios que el Duende posee podrían revelar la identidad del trepamuros, sino sobre todo porque amenaza directamente a algunos de los secundarios de la serie, como Harry Osborn o Jonah Jameson.

La saga del Duende acaba en el AS 251 (IV 84), que también es el final de una época. Stern sólo firma el argumento de ese número, siendo Tom DeFalco el responsable de los diálogos. El dibujo correrá a cargo de Ron Frenz, que apenas unos meses antes había impresionado a todo el mundo en la conmovedora historia de once páginas El niño que coleccionaba Spider-Man, escrita por el Roger Stern y publicada en el AS 248 (I 84). Con un estilo que recordaba poderosamente al de Ditko, Ron Frenz firmará en el AS 251 el que probablemente es el mejor trabajo de su carrera.

El tebeo es una persecución sin cuartel, en la que Spider-Man se lanza a detener al villano a toda costa. Escrito y dibujado con un ritmo trepidante, resulta el colofón ideal de tan excelente saga, y uno de los más espectaculares enfrentamientos de la historia del trepamuros. El final de la batalla deja a Spider-Man con la máscara del Duende en sus manos, pero sin haber sido capaz de descubrir la identidad de su huidizo enemigo. Y también le deja listo para ser abducido sin comerlo ni beberlo hacia las Secret Wars.

El siguiente número de AS no lo firma Roger Stern. El guionista ya no trabaja para Marvel, y se ha llevado un dato que sólo el conoce: la identidad del Duende. Ni los editores, ni su mejor amigo, John Byrne, ni siquiera su mujer, conocen el misterio que se oculta tras la máscara. Stern tenía desde el principio muy clara la identidad del villano. Ahora, sus continuadores en la saga serán los que tengan que dar una respuesta al enigma...